domingo, 24 de enero de 2010


Recuerdo cuando solía ser el centro del mundo. Cuando todo giraba a mi alrededor. Cuando el poder gravitatorio de mi cuerpo, de mi pequeño cuerpo, me permitía las atenciones más duraderas, las fidelidades más confiables, las comodidades más deseadas. Pero el tiempo es indetenible. Se han apartado de mí sueños y felicidades. Siento a la distancia más cerca, y a la cercanía más lejos. Siento que talan un bosque por dentro, que lo queman, que lo abandonan, que lo secan, lo pisan, lo odian... lo dejan. Siento que no vale la pena recibir ningún aliento cuando ya nada ha quedado lo suficientemente vivo como para que retorne.

Todo lo que antes daba vueltas alrededor mío se fue muy lejos, en la ternura de un recuerdo otoñal. Ahora el trompo incansable, el globo volador, el cuerpo atrapado en el torbellino soy yo. ¿Alrededor de qué estoy girando? Mi centro, un pedazo desconocido, oscuro, perdido.



Me siento triste, triste, muy triste.

sábado, 2 de enero de 2010

Hora pico

Necesitas reconocer que los campos están marchitos. Que las luces se han convertido en sombras. Que los bosques están repletos de monstruos. Que las plazas están desoladas bajo la luz de la luna. Que las aves tienen miedo. Que las casas están abandonadas. Que los rincones tienen el eco de un espíritu melancólico. Que los ríos están corriendo hacia atrás. Que las nubes cubren el cielo. Que los volcanes ya no arden. Que se escapan ya de todo ser vivo los últimos alientos. Que el mar se consumirá y sólo quedarán desiertos de sal. Que los sobrevivientes de este apocalipsis sólo serán los resucitados de las viejas tumbas de la meditación y el amor.
Que debes comenzar a morir para nacer de nuevo. Es hora.

domingo, 6 de diciembre de 2009

PREMATURO

Algunos autores son visionarios prematuros, sabios prematuros, locos prematuros. Basta con leer UBU REY de Alfred Jarry para comprobar que a sus 15 años el adolescente estaba consciente de la realidad asquerosa y putrefacta en la que vivía, de la cual se queja en cada frase de la obra, escrita con ganas de decir: ME BURLO, ME BURLO.
Mira nada más cuántos autores murieron jóvenes para que llores angustiante todas las verdades locas de este mundo de monstruos y seres terribles, claro oscuros, y borrachos de necedad.

jueves, 3 de diciembre de 2009

PESTAÑEO NO INSTANTÁNEO Y POLVO VIEJO


La luz que cae sobre las imágenes, las fotos que intentan recobrar esa luz y convertirla en esa imagen, e incluso la sensación de que un ligero polvo viejo ha caído en ellas desde el primer momento en que comienzan a ser pasado: Eso me conmueve.

Las fotos me dicen que estoy envejeciendo, pero que voy, primero, directo a la eterna juventud. Nunca acabaré de vivir, y cuando lo haga, no sabré si así ha sido. Sólo lo sabrán quienes están externos a mi, y quienes me observan desde lo no etéreo. No despertaré nunca de este sueño. Y cuando se apaguen las luces, tal vez ya habré aprendido a mirar en la oscuridad. Quiero que se queden conmigo ciertas cosas que bajo la luz puedo ver, para saber, sólo saber, que están allí y que si la luz decide retornar al gozoso lecho de donde partió pueda corroborar quien ha sido fiel a mi corazón y quien ha decidido borrarse de mi línea del tiempo. Y no los juzgaré, es sólo para saber.

Siempre necesitando una afirmación: Yo

Siempre queriendo una aceptación: Yo

Mis más cercanos lo saben.

Y lo curioso.... son quienes menos me afirman y son quienes menos me aceptan.

Creo que con eso estaría contenta al apagarse las luces. Sabiendo lo que pronto se me olvidará.

Una bella distracción


Todo en la calle comienza a distraerme. Las personas, los árboles, los edificios… todo, absolutamente todo comienza a tener un sentido. Un sentido esporádico, que desaparece en el mismo instante en el que se construye. Las palabras, el presente y el pasado, le dan un cierto aire de historia a cada rincón, lugar y vacío que experimento. Pareciera mentira que todo lo que observo es más que lo que observo, y que conserva múltiples historias que podrían ser el complemento de la nuestra.
A veces me detengo en ese tiempo para mirar hacia atrás y ver lo que he dejado y comprobar que lo que está conmigo es realmente lo que merece estarlo, y que lo que me ha dejado atrás está mejor en el pasado. A veces siento que detenerme en ese instante es perder parte del presente, convirtiéndolo en un álbum de fotografías que no merece la pena ver hasta tener una verdadera razón… pero yo he encontrado una verdadera razón para detenerme en el tiempo, y es que, automáticamente, con tan sólo pensar en eso que llamamos recuerdos nos acordamos de cuántas cosas faltan que marquen nuestra vida, y me pregunto… ¿Estoy preparada para ello?, ¿hay que estarlo?
Hay personas que no parecen tener sentido. A veces las veo caminando y cuando todo tiene sentido… entonces llega ese alguien que distorsiona mi panorama, pues rápidamente me doy cuenta que… no camina como el resto. Camina con el ceño fruncido, pensando sólo en él, fingiendo ser como todos, cuando piensa como ninguno. Él me cautiva, porque su corazón está lejos de ser humano. Me enamora lo extraño. Y él es extraño. No cree en la poesía, ni en los poemas. Dice que los escritores deberían podrirse como la madera de sus escritorios y que sus palabras no tienen sentido. Cómo odié saber que pensaba aquello, pero aún me parece un ser fascinante. Un ser que no tiene sentido, y pues, simplemente, no quiero encontrarlo. Podré estar cautivada por su extraña manera de proceder, pero no de él. Y entonces, como si el mundo caminara de nuevo, vuelvo mi mirada perdida hacia todo aquello que si tiene sentido … y veo pasar a la gente, y les creo historias, y me pregunto cuáles serán sus problemas, y si serán peores a los míos. Porque como todo ser humano necesito saber que tan mal estoy con respecto al resto para que cuando sea necesario, tenga suficientes argumentos para hacerme la víctima… ¿O es que nunca te has sentido mal, y deprimido por una tontería?

Indira Rojas

Julio, 2008

domingo, 22 de noviembre de 2009

YO, un poco de YO


Ya no me gusta comentar de modo intenso todo lo que vivo. Me parece que es absurdo sentarme alrededor de mis ideas, y alabarme por mi gracia, mi suerte, mi destreza o quejarme de mis fallas, mis desvaríos y mis torpezas. He decidido llenar el silencio de las penas con más silencio. De quedarme muda frente a mi propia desnudez, pálida, mirando hacia las cordilleras de mi piel, los precipicios de mis pechos, las crestas del mar en las ondas de mis cabellos, las cuevas de Altamira en mis pupilas, el Triángulo de las Bermudas en el lugar que es mío y de todas las mujeres y las colinas de mis nalgas. Es así como se descubre la verdad de uno, mostrándose ante uno mismo. Un análisis detallado de la física molecular visible para luego, entrar en el trance de la introspección: la búsqueda del porqué, de la filosofía, del arte, de la fe, de la postura divina que nos hace pensar, sentir, expresar.

Temo que me he dado cuenta ya de muchos errores, y que nada puede salvarme de cometer uno más. Que cosas, que cosas estas que nos hacen vivir. Me deprime que no sea tan fácil, pero me contenta que sea difícil. No es el reto lo que me entusiasma. Es la novedad, la terquedad, la sorpresa, y la costumbre, la forma de caminar, la consistente forma de caminar, que nunca cambia, como tampoco la forma de comer, de dormir ni de besar. Y sin embargo... las diversas formas de desplazarse, las distintas comidas que existen, las infinitas maneras de soñar y las incontables maneras de dar y recibir un beso, me dicen muy muy adentro, en ese silencio profundo en el que he caído: no todo es lo que parece: observa.

Y entonces, decido volver a escribir cosas llenas de metáforas y adjetivos, llenas de floripondios, ¡llenas, llenas, llenas! ¡Estoy enamorada de las palabras, tengo una obsesión terrible con ellas, déjenme sujetarlas y hacerme una corona con ellas!... déjenme sola... déjenme en el silencio.

lunes, 12 de octubre de 2009


Sin más que decir, cerró la puerta de un trancazo. Se sintió observada por todos, y eso le satisfizo de un modo escalofriante, tanto que ella misma deseó no mirar alrededor, y se dignó a bajar la cabeza. Es difícil para ella mantener la autoridad de su conciencia en una casa de viejos. Pero está tan acostumbrada, que los ignora, y los quiere. Una manera de vivir, nada más.


Con la cabeza a medias en alto, sigue hacia su cuarto, donde la confortable oscuridad le brinda un aire nuevo. Su oreja toca la almohada, sus pies encuentran reposo, y sus manos sienten el algodón delicioso de su cobija. No quiere llorar, sólo estar sola.


La llaman para cenar. Se hace la dormida, saldrá cuando quiera de su caprichoso refugio de niña mimada.


Sale.


Va hacia la cocina, saluda. Come. Se retira.




Rutina.