sábado, 24 de agosto de 2013

"Adioses" varios

Supiste que era como tú. No fue difícil para ti, ni un poquito, inferir lo que decían mis frases, mis señas, mis manos al lado de tus piernas, mis miradas tendenciosas, los ojos chiquitos, la risa emocionada, el cabello desordenado, los pecados que me gustaba cometer, los sencillos toques de luz sobre lo que ya sabías, las pocas horas de atención, el calor de mis labios, los sonidos nerviosos y fugaces, los susurros al anochecer, las referencias de la infancia caricaturesca, el chasquido de los labios al mover la nariz, los cuentos que escribí, el tiempo que perdía diciéndote que iba en camino, los estilos alternativos, las facciones de niña, los trepadores en mis orejas, las buenas nuevas, el último trago, las inseguridades, las tiernas imperfecciones de mis piernas, los trances en silencio.

Pero al despertar, después de la noche violenta que duró 7 días y que se llevó tu locura, ya no sabías cómo nombrarme, 
de qué forma adjetivarme, 
con qué palabras convocarme,
y por qué seguía yo allí.





viernes, 5 de julio de 2013

Precedentes

Sentado, bebida en mano, pereza reservada, ganas de charlar.
Parece que las cosas no cambian en estos parajes, sin sol ni sombras, sin prestigio ni silencios.
Durante las primeras horas solo podía ver tu boca moverse, hablar sin decir nada. Entonces, con la última nota que cantaste, justo cuando la noche se ponía más franca y tendenciosa, noté que debía dejar de observar con tanto detalle tu vida, allí mismo sentado y vulnerable, porque, justo rozando tu brazo y tocando tus piernas, una mujer te llamaba con ternura.





lunes, 24 de junio de 2013

Sin inocencias


Eres un experimento, comida para el alma que no existe, y, para decir algo evidente, carne para la carne.
Estás donde quieres estar, y allí me encuentras. Llegará la tarde en la que fingirás que los silencios son oportunos y las despedidas las palabra más necesarias, pero nada borrará el encuentro que dejaste en las notas memoriales.
Las lúgubres pesadillas en las que pensé que te gustaría mi compañía morirán así: como pesadillas, intentos narcóticos de una adicción que no me pertenece.
El sabor, el color, la textura. Una mujer que lo siente todo inyectada de hierro y vacío… para luego no sentir nada y dejarte ser feliz lejos de la pesada clandestinidad que te pone tan nervioso.
Sin ilusiones, para prever una muerte limpia y sin rastros.
Si no te sigo la corriente, si me dejo llevar por lo que me dijiste la primera vez que te creí, entonces lloraré. Y no será posible volver a quererte.

Sucede

Es natural que a estas horas de la noche no pensara en otra cosa.
Si se le deja sola por unos instantes, entre las cervezas de las 12, entre los amigos que parloteaban sobre accesorios y camuflajes, entre trabajos de horas eternas sin motivación, solo piensa en eso; como si se tratara de una imagen pasajera que decide instalarse algunos segundos, algunas noches, algunas veces.

Pensaba en su cuerpo.
Desfigurado por el descuido y la poca compresión del tiempo, que aún sin añejarse se había descompuesto en siluetas poco apetecibles para la armonía de la carne.

Pensaba en su rostro, que no esperaba que fuera otro al verse todos los días en el espejo y darle, sin vuelta atrás, a la piel, a los fastidios que en ella aparecían y que la mantenían ocupada durante media hora en la mañana.

Tal vez también pensaba en sus piernas. Adornadas con la negligencia medicinal, se había escapado de ellas cualquier dulzura que despertara encantos.

Y, sin notarlo, se le escapaban los suspiros.

Sucede que le incomodan las consecuencias del abandono que le dejan las horas muertas, aunque adora vivir sus hábitos, sus horarios y sus impulsos.
Que le deja sin alivios cuando acaba un día... y cuando comienza otro.
Que le pesa, aunque no quiera, y sin pretender felicidad (porque no está triste) que pareciera retardar su encuentro con la sonrisa simple.

Y entonces, piensa lo peor; la única cosa que le hace sollozar en la filosofía del espejo.
Que nada tiene que ver con lo que ve. Que le pulsa el escozor porque lo siente.

Piensa que se perdió.


lunes, 27 de mayo de 2013

Sabroso

Porque cuando se le acercó para decirle (ya no recuerda qué)
el escozor se repartió: picaba en el pecho, se sentía en la yema de los dedos, electrizaba el vaivén de las piernas,
y entonces,
sin decirle más que silencio, sin dejarle más que obedecer, sin pedirle más que le dijera quién era,
se abalanzó sobre la idea de nunca darle un porqué.

Daño

Fibra,
libre y seca, que se corta con el hielo y no vuelve a crecer.
Agua,
sin sabor, lúgubre, que cae pesada sobre los silencios.
Ocasional pero ponzoñosa la penumbra que se queda ahí, dentro, muy dentro, en el pecho. 
Nicotina, 
tóxica e indeleble, que cubre los posibles amores.
Señales,
invisibles, sin destino, que me miran entre los segundos.
Hasta aquí llegó toda ocasión de perdón.


martes, 14 de mayo de 2013

Prefiero que no

Se acerca al oído,a la garganta,
al aire,
consume tiempo,espacio,
ruido,
disimula sus pocas respuestas viscerales, emprende con obsesión el artefacto de la mentira.
Se regodea de malos pensamientos.
Y entonces, con la necedad de que la luz es solo un señuelo, respondes:
"Prefiero que no".