sábado, 15 de diciembre de 2012
Plácido
El nerviosismo nos revienta el pecho.
Nos deja en la piel la sensación de un animal revestido de instinto, un instinto que nos da el poder de hacer cualquier tontería.
Sin embargo, es así que surgen los placeres y es así que se nutren hasta despedirse.
Y el día de su muerte nos sacudiremos el perdón, desearemos que el raciocinio hubiera triunfado antes, y nos meteremos debajo de nuestras escamas para desaparecer.
Pero es así que creemos crecer, es así que se nutre cada memoria hasta morir.
Y cuando la fortuna y la virtud nada pueden remediar
es el deber de todos acariciar los cortos placeres,
los engaños que delatan la verdad que creímos escondida.
Tomar el wisky en las rocas, penetrar el sabor de un tabaco, cerrar los ojos mientras se evapora el sudor de la desnudez, y tartamudear cuando se mira directamente a los ojos.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Aproximaciones
domingo, 2 de diciembre de 2012
Traiciones
Si supiera entrometerme
sin causarte tanto alboroto
los obsequios serían vidas sin nombre... Un deseo querendón
jueves, 29 de noviembre de 2012
Las líneas
Primero, se acerca la intención.
domingo, 25 de noviembre de 2012
Ciego
Estás frente al punto ciego.
Terco y seco.
Como piedra.
Como la piedra que ahora te viste.
La puerta ya no se abre.
No hay puerta que me dibujes.
Es hora de girar y desaparecer.
Como un villano. Sin gloria.
Cuando no hay salida, la hora del silencio se asemeja al alivio.
Al amargo alivio que tememos desde el encuentro.
Cuando él habla de majas.
Y ella de mofas.
Cuando él no responda.
Y ella se enoje.
Probarán alivios nuevos.
domingo, 18 de noviembre de 2012
Perspectiva
Te observas en el espejo.
Haces memoria.
Haces bolas de estambre con la memoria.
Se pasean.
Las escupes.
No las ves más hasta el próximo silencio.
No importa cuánto se retroceda
nunca es predecible estimar
la distancia del tiempo.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Contenido
Tocan el vidrio con estallidos imperceptibles. ¡Tic! Se estrellan. La única forma de oírlas aterrizar es el estruendo colectivo. Si caen en el techo. Si adornan la ventana como lupas de agua. Si chocan con nuestros cuerpos en la carrera contra la tormenta.
Y una vez que las escuchas, con el distante compás del silencio, quedas en un trance obligatorio. Y sin quererlo, en la nada monumental del ruido que ignoramos, del aire que ignoramos, del ambiente que ignoramos, de las.horas que ignoramos, la vida es polvo.
Es fuente de todo y salida de nada.
Es un ciclo.
De vaivenes.
De fastidos.
De placeres antibióticos que no podemos repetir.
De escalofríos.
De instantes que solo sirven para ejercitar la memoria.
De pronto, sin quererlo, eres estallido.
La lluvia.
Que se evapora.
Que se marcha.
Eres polvo.
Se te quedaron los espasmos congelados entre el estómago y el pulmón. No vale la pena ser mucho más que divagaciones.
Un requisito nada más, para hacer un paréntesis sin contenido.
Lo demás es recordar el valor de lo que se obtiene con la naturaleza, como la intuición y la esperanza.
