lunes, 20 de septiembre de 2010

Pasión saturada

Escribir, hoy no debería escribir.

La Luna me ha pegado fuerte, me ha dejado sollozando en una marea alta y negra, una marea de la noche, una marea que arrastra y ata, que abandona, que come piel y ganas.

Escribir, hoy no debería escribir.

Se dice por ahí que el que escribe con cautela se emociona de su propia terquedad y el que expulsa las emociones no se encarga de imitaciones baratas de crueldad y dominio, dosis de límites aparentemente necesarios.

Escribir, hoy no debería escribir.

Añoro una nota, una vida, una pantalla nueva con nuevas locuras entre los peldaños del blog infinito. La amo, la añoro, la espero. Pero si viene con males sin repuesto, tal vez sea indudablemente una lectura visceral... y dejaré de amar, añorar, y esperar.

Escribir, hoy no debería escribir.

Pero el impulso cotidiano y maléfico, que me encanta, me lleva a decir... y diciendo perforo cada espacio sano de lo que me queda y me creo cicatrices necesarias.

Escribir, hoy no debería escribir.

Porque estoy llena de lagos, de ríos y de mares que se desbordan. Porque el talento para alcanzar a la tristeza se ha encargado de apretarme la garganta y desatar mis pies.

Escribir, hoy no debería escribir.

Estoy tirada en la grama infantil. ¡Insano! ... es insano, lúgubre y pavoso escribir con la vida a ciegas.

Escribir, hoy no debería escribir.

Pero si deseo terminar con la historia y destruir Troya (que se está hundiendo en un oscuro placer de víctima) debo quemar las letras en cada pulso que imprime silencio.

Escribir, hoy quiero escribir.

viernes, 27 de agosto de 2010


Hay infinitas razones para pensar que el hombre fue a la Luna, pero las verdades relativas tienen un mejor sabor y su ADN tiene la forma de un juguete sexual. Todo ello conlleva a disfrutar el futuro incierto con un placer más duradero que cualquier dogma aburrido...Y para finalizar, apaguemos la fogata y vamos a dormir, que los mundos paralelos nos esperan con más drogas legales imaginarias (lluvias, libros, tortas y pensamientos confidenciales).

martes, 17 de agosto de 2010

Con una lluvia de velas encendidas se inundó el espacio de la habitación supuestamente vacía, y detrás del silencio se hallaba aguardando un puñado de abrazos sin melancolía, una felicidad que desconocía las caretas, y un billete falso que decía "no te preocupes". Entonces, al cruzar la calle miré hacia el frente y sentí que debía estar allí, allí después del silencio.

jueves, 22 de julio de 2010

Y allí, en la mitad de la ciudad, una posibilidad... Hipotética, cordial y pasajera.

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¿Pasajera?

miércoles, 21 de julio de 2010

Hay un silencio querido en cada melodía que pronuncias. Un espacio de calma, de estabilidad, de risa, que me provoca vivir. Y aún así... aún así me quedo añorando una zozobra... hasta que vuelve. Y cuando llega, se dibuja una enramada de pájaros que tiñen los sueños de cordura. Así como el silencio.

lunes, 12 de julio de 2010

CONFESIÓN II / el llamado


Estaba cayendo la tarde, entrando a resguardarse en la sala del apartamento, cuando me asaltó un sentimiento de culpa, de dolor, de tragedia. Una cosa horrenda.
Me senté, en un sitio donde la luz era sólo un espectador más, en un rincón donde la vida se había detenido a pintar la noche y el tiempo pasaba mucho más rápido.
Volaron sobre mi cabeza todos los objetos de la habitación, y los libros, con su peso enorme de amigos fieles, me miraban perplejos.
Hace tiempo que yo no los miro.
Hace tiempo que yo no los mimo.
Hace un tiempo ya que la rapidez de esa oscuridad, poco nítida, poco agraciada, poco solicitada, pero muy necesaria, me había absorbido en un abismo de café, de colores artificiales y de emociones encontradas.
Era tan terrible, tan terrible, tan espantoso.
Mi vida, mi palabra, mi fe, mi confianza. ¿Cómo las había olvidado?
Y... ¿por qué venía yo a recordarlas esa tarde calórica y evaporada?
El polvo de la biblioteca se podía ver tan claramente susurrando al aire mi desconcierto.
La luz, que se proyectaba sobre él, me cegó durante un momento.
¿Dónde está mi lugar oscuro?
Ya no me sirve más, y él sólo ha decidido marcharse.
Ahora, entraré en el trance añorado de quien se pierde en los bosques de pulpa blanca y esencia de sangre negra.
Quien sabe que otros secretos y romances ocultos empezaré a construir, luego de un olvido tan escurridizo.
No vale la pena ya pensar en la falta de tiempo, o en las colas, el tráfico, la diversión, la red, la vagancia, el ocio, la agonía, la clase, la máquina.
Huele a viejo y me gusta. Huele a nuevo y me encanta.
Huele... huele a libro... y vuelve... vuelve el lector.

jueves, 1 de julio de 2010

Ella, la grande



La ciudad barre las colmenas del pasado.
Me arrastra a un espacio único, donde puedo ver el polvo atravesar mis dedos que intentan atraparlo, donde puedo ver historias cruzando las calles, paseando en los centros comerciales, cabeceando en los puestos de trabajo. Donde se transfiguran las siluetas de los autos y se hacen más altos y más curvos los puentes.
Las aguas son de perfume de cachivache y las memorias son vestidos de ancianas, de viejecitas mozas que comen tardes y tragan inocencias.
La ciudad me trae de vuelta a mi vientre.
Me siento tan nueva y tan sutil. Tan drástica, y tan vulnerable. Quién sabe si la ciudad sea consciente de su avasallador impacto, pero esto es definitivamente un conversatorio inconsciente de desquicias y miel. Un conversatorio con la muerte, con la infancia y con el calor. Con el sueño, la lentejuela y la llave de las puertas.
Es un todo, es una nada. Es un vacío que me recuerda a los pozos llenos de agua escarchada e interminable que nunca vi. Es un hoyo. Un cuento oscuro. Un maestro del disfraz.
Es una perla del caribe que espera a ser descubierta.
Es la ciudad que jamás me ha querido tanto como esta tarde.