domingo, 6 de septiembre de 2009

A: PALABRA

Ven a mi, te extraño, ven a mi.
En la mañana has partido y en la tormenta me refugio.
Te fuiste caminando, sin voltear siquiera a considerar tu regreso.
Te he visto con otros, y te veo nueva y bella,
tengo celos al verte con ellos y que no quieras compartirte conmigo.
Me resigno a posarme vacía en las plazas,
al pie de los árboles,
al lado de la espuma de la orilla de las playas.
Y me resigno a que debo buscarte.
Pero te escondes muy bien tras lo desconocido.
¿Por qué no quieres que te encuentre?
Te amaba y te cuidaba con las mejores inspiraciones.
Te rescaté del olvido,
te sujeté en la memoria imperecedera.
Te planté para que no murieras como un simple pensamiento.
¡Huístes mal agradecida! Y aún así, no puedo injuriar tu nombre.
Si lo hiciera, me traicionaría.
El mundo es cruel, no todos velarán por ti.
No todos sueñan contigo.
No todos viven de tus placeres.
Me perjudica enormemente tu decisión de escapar.
Yo vivo de lo que eres, yo soy lo que eres,
y mi memoria es terrenal sin un recuerdo tuyo.


Te extraño, ven a mi, te extraño.


Te envío esta carta escrita en idioma pobre.
Todo es idioma pobre sin la sombra de tu compañía.
Las cosas son cosas, los animales son animales y la gente, gente.
Ya no más dadá, ya no más historias.
Los absurdos, que eran mis pasatiempos favoritos, ahora tienen sentido y me aburren.
Hay plomo en mis manos... ¿cómo voy a caminar?


Te extraño...ven a mi, Palabra. Ven a mi, Palabra.

jueves, 27 de agosto de 2009

PESADILLA

Soy víctima de una visión de mi misma. Sentada en un banco frente a las murallas desconocidas de un lugar desconocido, un viento color salitre agita mi cabello y choca contra mi perfil. El sol condensa las paredes y me rodeo de un verde intenso. No dejo de mirar al horizonte comiéndome el miedo. No tiene sabor alguno, desconozco su color y su forma. Estoy en el pleno vacío del campo imaginario de la incertidumbre. No oigo nada, no quiero escuchar nada mientras me como a mi misma en la visión fogosa del miedo a lo que viene.

jueves, 30 de julio de 2009

ESTACIÓN: VERANO


El sol en la ventana chocaba fuertemente. El calor se intensificaba cada vez más, y la temperatura de la habitación se hacía insoportable. Los rayos intensos y todopoderosos se colaban por la habitación y daban directo al armario de madera, que palidecía del sofocante calor. Las cosas del cuarto parecían querer salir de él, encontrar alguna escapatoria, obligarse a correr sin pies, obligarse a huir, a protegerse, del látigo de luz, debajo de la cama: único lugar que resguardaba a la oscuridad, fría y necesitada. La quietud que proporciona el calor de la habitación no es pacífica. Al contrario, es como si una energía en suspenso me quisiera sujetar, junto con todas las cosas del cuarto, a un sólo tiempo que no pasa, detenido en el suspenso del vapor, de la luz cegadora, de los rayos escurridizos, de los objetos que me miran. El sudor inerte comienza a bajar y es la única señal de vida en aquella atmósfera de infinita soledad sin salida.

lunes, 27 de julio de 2009


La niebla se ha disipado. No puedo decir que te conozco, pero sí he de saber lo suficiente para sentir lo que se siente. No puedo decir que te conozco, pero sí que te amo.
Fotografía del FNAC.

domingo, 19 de julio de 2009

Duendes de biblioteca


Mi mirada estará perdida en el eterno azul, hasta que invoque involuntariamente el deseo de escribir. Yo no lo buscaré, pero tampoco lo esperaré. El deseo es una manifestación independiente que sólo es atraída por una verdad. Sobre todo, ese deseo.

martes, 2 de junio de 2009

Muchas cosas sin sentido


Lema de una canción perdida.
Leyes de un mundo anárquico.
Eso que existe y no vemos.
Un amor escondido, el amor verdadero.
Coyotes bajo la luna.
Sirenas mudas que perdieron sus encantos.
Estrellas fugaces que andan sin prisa.
Comentarios de vecinos.
Murmullos, susurros.
Azúcar de las montañas violeta.
El vuelo de un ave herida.
El corazón de un poeta.
Vampiros en trenes secretos.
Cuentos sin contar.
Muchas... muchas... muchas cosas sin sentido.
Muchas cosas que amo.

lunes, 1 de junio de 2009

Para qué sirve la angustia



Existen cosas que muchas veces me angustian. Pero nada es más angustiante que el día en que, mientras estoy sentada, me pregunto si soy lo suficientemente capaz de albergar el poder transformador de la palabra.


La palabra posee un poder compartido. De lo contrario la palabra se consume y no existe. Es un 50/50. Me pregunto si estaré haciendo bien mi mitad. Esa mitad donde uno debe saber oír y escuchar al mundo y sus secretos, sus quejas, sus historias... y plasmarlas con la misma pureza con la cual fueron confiadas. Esa pureza que brilla en los ojos de quien la ve y la siente mientras está leyendo.


ME ANGUSTIA que un día, que en un segundo, que en algún momento, mis pensamientos sean tan veloces que se me escapen antes de retenerlos forzadamente en el papel. Los obligo a permanecer allí, pero al final es una unión placentera, melódica, justa, natural. Como un paisaje de Van Gogh o Cezzane. Fresco y cuidadosamente sentido.





Me angustia pensar que un día me detenga, y no pueda manipular el destino para lograr tal comunión amistosa y pasional entre papel y palabra. Que sea yo el obstáculo que frene el vínculo necesario entre el cincel, la piedra y la palabra. ¡ANGUSTIA! Sagrada angustia que me hace escribir más rápido y observar con más detalle. De pensar sin fronteras, de tener ganas de hacerme alas de papel.


DE SER MEJOR PARA LA PALABRA.